NOVELA
FIEBRE
JONATHAN BAZZI
(Random House - Buenos Aires)
En el panorama de la literatura contemporánea, las periferias urbanas han dejado de ser meros telones de fondo para convertirse en auténticos laboratorios de la identidad moderna. Publicada en 2019, la novela autobiográfica Febbre, del escritor italiano Jonathan Bazzi, se consagra como un testimonio desgarrador y lúcido de esta realidad.
Finalista del prestigioso Premio Strega, la novela, una muestra de escritura milenial, utiliza el hinterland milanés no solo como escenario, sino como un “agujero negro devorador” que moldea el cuerpo y la memoria de su protagonista.
La narración se estructura a través de dos líneas temporales que se entraman. La primera, anclada en el presente de la enunciación, arranca el 11 de enero de 2016. Con apenas 30 años, el joven Jonathan comienza a sufrir una misteriosa fiebre continua, un síntoma invisible pero devastador que arrastra consigo un decaimiento crónico y una angustia in crescendo. La segunda línea nos devuelve a la infancia y adolescencia del narrador en Rozzano, un suburbio en el extremo sur de Milán, donde el Jonathan niño narra los temores de crecer en un entorno hostil, marcado por la vulnerabilidad familiar y la percepción de su identidad sexual: “Permaneceré para siempre en la calle Giacinti 10, en la terminal del 15, con el miedo de que lleguen los hombres”.
Local y global
Es precisamente en Rozzano donde la diégesis revela su naturaleza puramente glocal. La novela muestra cómo lo local y lo global se alimentan mutuamente. Rozzano es descripto de forma ambivalente: por un lado, se erige como un “Bronx del Norte”, un barrio dormitorio con bloques de viviendas sociales de los años 60 donde domina la microcriminalidad, las dinámicas de las pandillas y la cultura del rap y del trap. Es, en palabras del autor, “un Sur sin el calor del Sur”, receptor de las olas de migración interna de regiones como Calabria o Sicilia.
Por otro lado, este espacio periférico se conecta de forma directa con los flujos de la globalización, tales como el consumo hiperbólico en el centro comercial “Fiordaliso”, diseñado bajo los modelos hegemónicos estadounidenses; la salud que se privatiza en el hospital Humanitas; la comunicación desmaterializada a través de las pantallas.
Jonathan es un milenial, un nativo digital para quien el uso de dispositivos tecnológicos es producto de una experiencia integrada desde la infancia, de modo tal que el narrador interactúa con el mundo mediante un “lenguaje SMS” directo, fragmentado e incisivo. La urgencia médica y el monólogo interior se canalizan en ráfagas de WhatsApp, donde las dobles tildes azules dictan el ritmo de la ansiedad.
El cuerpo del protagonista se convierte en el campo de batalla final donde se dirime esta tensión. El diagnóstico positivo de HIV actúa como el catalizador definitivo de su identidad. Lejos de la victimización, el virus se asume como una realidad corporal inalterable en un mundo líquido y deshumanizado. Al final, tras el periplo por el Hospital Luigi Sacco, el relato confluye en una síntesis temporal y vital: una pastilla rosa pálido al día. Febbre es, en definitiva, un relato de vida conmovedor que transforma el estigma y el aislamiento periférico en una cartografía universal de la resiliencia humana.
© LA GACETA
Perfil
Jonathan Bazzi (Milán, 1985) es licenciado en Filosofía. Ha colaborado con diarios y revistas como Vice y The Vision e Il Fatto.it. A finales de 2016 decidió hablar públicamente de su seropositividad con un artículo («Tengo el VIH y para protegerme os lo contaré todo») publicado con motivo del Día mundial contra el SIDA.